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El Deseo y la Idea del Bien
Para entender mejor lo que quiere decir Platón, pongamos pues como ejemplo un problema tomado de la geometría, no ya de la ética. Preguntemos entonces a las mismas personas: ¿cuánto mide la suma de los ángulos internos de un triángulo? Le preguntamos a un primer niño y nos dice “180 grados”, la respuesta es correcta. Le preguntamos ¿cómo lo sabes? Entonces, dice: mi mamá (o mi profesora) me ha dicho -y nosotros ya hemos visto que ésta no es una buena respuesta—

El segundo niño, en cambio nos responde: porque he medido muchos triángulos de diferentes formas con mi transportador (acá tengo mi cuaderno), y en todos he obtenido una suma de 180 grados. Ahora bien, aunque es improbable que siempre nos salga 180 grados de suma, pero aún suponiendo que eso sea así, ¿cómo sabemos que la suma de los ángulos internos de todos los triángulos va a dar como resultado siempre y necesariamente 180 grados? Aunque se midan los ángulos internos de muchos triángulos, no podemos saber si en el siguiente la suma va a ser la misma. Por lo menos, no hay ninguna necesidad lógica de que sea así.

El geómetra, por otro lado, no procede ni de oídas, ni haciendo cálculos o mediciones, sino parte de ciertas hipótesis, de ciertas definiciones, de la definición del punto, definición de la recta, definición del plano, definición del volumen; y tiene un axioma fundamental: “la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta” y con esas definiciones y con ese axioma nos demuestra que la suma de los ángulos internos mide 180 grados necesariamente en todos los triángulos.

Ese es el modelo geométrico del que nos habla Platón y ese es el tipo de conocimiento verdadero que deberíamos tener, conocimiento verdadero y justificado. Pero habíamos dicho que tampoco este modelo era suficiente para Platón. ¿Qué es lo que no está justificado en el modelo del geómetra, cuando explica la suma de los ángulos internos de un triángulo a partir de sus definiciones y sus axiomas? Nosotros ya lo sabemos: falta demostrar por qué se parte de esas definiciones y de ese axioma. Claro, el geómetra nos dice: si tú quieres aprender geometría, tienes que empezar por estas definiciones y estos axiomas, que son a primera vista arbitrarios y sólo más adelante, cuando ya los hayas aprendido y puedas operar con ellos, te vas a dar cuenta de por qué los tomamos como punto de partida: nos permiten describir la totalidad del espacio en todas sus formas.

Sin embargo, Platón dice que esas definiciones y esos axiomas, esas hipótesis, no están justificadas y efectivamente, a fines del siglo XIX se inventó la geometría no plana, que parte de las mismas definiciones, pero que no tiene el axioma fundamental, el que afirma que la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta. En esta nueva geometría se toma en serio la curvatura de la Tierra, sobre la que no existen líneas rectas y, por consiguiente, la suma de los ángulos internos de un triángulo no es 180 grados. Entonces, podemos decir: una teoría afirma que la suma de los ángulos internos es 180 grados y otra dice que no. ¿Cuál tiene razón? Las dos tienen razón, desde su propio sistema de hipótesis cada una es correcta. Pero entonces nosotros no tenemos razón para preferir una a la otra y, por ello, este procedimiento hipotético se muestra insuficiente para dar razón última de nuestro actos.

¿Cuál es la solución de Platón? La solución de Platón es la dialéctica. Lo que propone Platón como procedimiento no solamente científico, sino también ético, es la dialéctica. Platón dice, recordando y reelaborando seguramente lo que decía Sócrates sobre la destrucción de las opiniones infundadas y la construcción de definiciones correctas en el diálogo: la destrucción de las hipótesis, lo que hace el dialéctico, es no solamente partir de un sistema hipotético y sacar de ahí las conclusiones particulares, sino poner en cuestión las hipótesis, probar esta hipótesis, destruirla, probar otra hipótesis, destruirla y de esta manera avanzar hacia hipótesis cada vez más inclusivas, hasta un momento de fe en donde nosotros vemos con absoluta claridad “que eso es así”. Ya no hacemos un procedimiento de generalización a partir de casos particulares, ni tampoco un procedimiento deductivo a partir de una hipótesis. Lo que vemos directamente: “que eso es así”, nace de una especie de iluminación.

Volviendo entonces a la ética, en el caso de “si robar es bueno o es malo”, la tercera persona consultada responde ofreciéndonos un sistema hipotético. El cuarto no nos responde con un sistema hipotético, nos dice, simplemente, que robar es malo. ¿Por qué dice eso? La cuarta persona tendría que decir: yo lo veo con toda claridad; no te lo podría explicar; para mi está absolutamente claro que robar es malo. ¿Qué ha pasado en términos de lo que quiere decir Platón? Ha sucedido que esa persona se ha hecho buena y ve con claridad que robar es malo.

Ella ha pasado por todas las otras razones. No es que esta persona haya sido iluminada desde fuera, sino que ha pasado por todas las razones, ha probado todos los métodos: lo que le dicen , lo casos particulares, los sistemas hipotéticos. La persona ha destruido las hipótesis y, al final, ha adquirido un conocimiento: «robar es malo». En ese momento, la persona ya no lo sabe sólo intelectualmente, sino que no desea robar; le produce más dolor robar que no robar. Eso es lo que se tendría que conseguir. Hay un elemento fuerte de inteligencia, hay que conocer la idea del bien para hacernos buenos, pero ese conocimiento de Platón no es solamente intelectual, sino también deseante, es también un deseo. Pero, como veremos a continuación, lo que ha quedado de Platón es principalmente un primer modelo basado en la idea del bien, en una norma que nosotros conocemos.

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