En este proceso de universalización de mi máxima subjetiva voy a ver con claridad, dice Kant, cuáles acciones son morales y cuáles son inmorales. Son morales aquellas que son universalizables, es decir aquellas que pueden ser propuestas como una ley universal válida para todos los hombres por igual. Son inmorales aquellas acciones que no pueden ser universalizadas.
Por ejemplo, si he pedido un préstamo y me pregunto si debo devolverlo o no. A favor de que no deba devolverlo está el hecho que ya se murió la persona que me lo prestó y que no dejó ningún documento que pruebe que tengo una deuda con ella, aunque si hayan deudos a los cuales yo debiera devolver el dinero (para Kant esta última condición es superflua; la pongo para hacer más creíble el ejemplo).
Entonces, nos dice Kant,, hagamos la prueba de universalización, veamos si puedo convertir esta acción particular mía, el no cumplir con mi palabra, el no pagar mis deudas, en una ley universal válida para todos los hombres. Estaría diciendo que está permitido pedir dinero y no pagarlo después, que está permitido hacer una promesa de pago y después no cumplirla. Pero entonces habría una contradicción lógica -dice Kant-, porque las promesas ya no existirían; por mi acción de formular una promesa y no cumplirla estoy destruyendo el concepto mismo de promesa y estoy diciendo "las promesas no existen".
O también, si digo que puedo robar cuando a mi me conviene, cuando nadie me está viendo, cuando nadie me va a castigar, entonces estoy en realidad diciendo que no existe la propiedad privada; y hay nuevamente una contradicción entre mi pretensión sobre las cosas que son de mi propiedad (pretendo que lo que he robado es mío) y el ejecutar una acción que desconoce esa propiedad. El carácter universal de la ley moral es uno de los principios éticos que vamos a ver en juego en el siguiente asalto, en la filosofía contemporánea, sobre los derechos y los deberes universales, donde se considera como moral o justo aquello que es válido para todos por igual.
Lo que destaca en esta posición de Kant y de los que sostienen este principio universalista es la imparcialidad, que se considera como lo ético por excelencia. Hay un principio moral, una norma moral que no vale solamente para mí en función de mis intereses, de mi formación, de mi cultura, sino que vale por igual para todos. Actuar bajo ese principio o norma es la moralidad. El principio de la moral sería la justicia en este sentido de imparcialidad. Este es también el principio de los liberales. Hay una normas claras que valen para todos. “Juguemos limpio" nos dicen los liberales en esta línea de fundamentación de las normas universales. "Juguemos limpio" quiere decir: tengamos unas únicas normas válidas para todos por igual; eso es, después de todo, la justicia.
En Kant, por supuesto hay mucho más, como hay muchísimo más en Aristóteles y en Platón. Más adelante volveremos a discutir otros aspectos de su pensamiento moral. Pero es cierto que Kant produce muchos anticuerpos con esta idea del deber por sí mismo, con esta idea de la universalidad, de lo que vale inflexiblemente para todos por igual, con esta idea de ir en contra de los propios intereses y de las propias inclinaciones. Parece una idea muy represiva. Pero he tratado de presentarlo por su lado más convincente, porque la posición kantiana es una de las que tiene mayor peso en la discusión contemporánea sobre ética y política. Las normas que seguimos para nosotros mismos deben valer para todos por igual, imparcialmente. Esta es una primera posición fuerte que ya perfila claramente la discusión contemporánea.