Es importante, sobre todo, poder distinguir entre instituciones políticas e instituciones civiles aunque éstas tengan un carácter más oficial como sucede, por ejemplo, con las universidades. Este ejemplo nos permitirá entender mejor la diferencia entre lo político y lo civil. Lo político es aquello que se refiere a la voluntad general, no a la voluntad de la mayoría, sino a la voluntad de todo el cuerpo social que incluye a las mayorías y a las minorías. Es político todo lo que se refiere al interés general y al bien común (por lo menos en principio; en talleres posteriores discutiremos más de cerca las diferencias entre la sociedad civil y el Estado). En una universidad, por el contrario, el interés del cuerpo social que participa de la universidad -autoridades, profesores, alumnos-, no se refiere al interés de toda la colectividad, al interés de todos los peruanos, sino solamente al interés de aquellos que quieren estudiar o investigar y a quienes la universidad ofrece un marco institucional. De hecho, existen otros peruanos que no desean estudiar y que pasan directamente a trabajar. Este interés particular que tiene la universidad es lo que caracteriza no a una institución política, sino a una institución civil.
Sin embargo, también es cierto que hay algunos momentos en los que los participantes de una institución civil pueden realizar un acto político: durante el gobierno de Fujimori, por ejemplo, los estudiantes protestaron para defender no solamente sus intereses como estudiantes, sino el de todos los peruanos. Al afirmar que dentro de una sociedad corrupta no es posible estudiar, defendieron su interés específico como estudiantes, que no es el de todos, y sin embargo, expresaron, al mismo tiempo, una voluntad general, la necesidad de construir un país libre de corrupción. En ese momento, en el que la voluntad particular de los estudiantes alcanza la voluntad general, el movimiento se hace político aunque de ello no resulte un partido político ni representación alguna a nivel del Estado. Una vez derrotado Fujimori, los estudiantes regresaron a sus actividades en la medida en que sus objetivos en tanto institución civil y no política se habían cumplido (aunque, debo añadir, lo ideal sería que fueran los partidos políticos los que canalizaran este descontento popular).
Así, al mismo tiempo que podemos distinguir entre la voluntad general y las voluntades particulares presentes en un país, debemos afirmar que cualquier organización civil puede, en algún momento, intentar expresar un interés político como lo podrían hacer, por ejemplo, los clubes de madres, los comités del vaso de leche o los comedores populares. Estas son instituciones civiles en la medida que buscan la defensa de ciertos intereses particulares (la lucha contra la pobreza) que no son, en principio, los de la sociedad en su conjunto; pero, estas instituciones expresan, también, en algunos momentos, un sentimiento político en la medida que afirman la necesidad, para todos los peruanos, de vivir en un país justo. Probablemente, todos los peruanos coincidiríamos en rechazar la pobreza, la falta de democracia y en intentar convertirnos en un cuerpo político que busca el interés de todos. Lo difícil parece ser llegar a darle expresión a ese interés de todos que, insistimos, no es el interés de la mayoría. La democracia no significa el gobierno de la mayoría, significa el gobierno del pueblo, el gobierno de todos, la realización del interés de todo el cuerpo social.
Otro ejemplo de este paso de lo particular a lo universal lo tenemos en el caso de la lucha política feminista, de la que ya hablamos en la jornada intermedia. De toda esa exposición quisiera retomar algo fundamental de la posición feminista: la incidencia en el ámbito público y, después de una lucha ideológica y política, en el ámbito legal, de situaciones que se consideraban privadas: las mujeres, después de una lucha de casi cien años, consiguieron introducir en la legislación, en la formalidad universal del Estado, elementos que hasta entonces habían sido considerados como “problemas privados de las mujeres”: el abuso en el hogar, la violencia, la llamada doble explotación de la mujer, etcétera.
Las mujeres pudieron demostrar que no se trataba de problemas privados de mujeres particulares aisladas, sino de dificultades que interesaban al conjunto de la sociedad. La lucha feminista demuestra que aún cuando las mujeres constituyen una parte física (la mitad) de la humanidad, sus problemas, aunque no atañen a toda la humanidad, pueden ser considerados en el nivel político, en el nivel de la voluntad general, en el nivel de la formalidad de la legislación.
Esto sólo es posible, como desarrollemos en los Talleres posteriores, por una lucha política que incluye un fuerte componente ideológico y en el que la sociedad civil y sus diferentes asociaciones tienen un papel importante. En todo caso, quisiera que con estos ejemplos se entendiera la dinámica más importante de lo político como una mediación entre lo universal y lo particular, entre las voluntades particulares y el interés general o el bien común, es decir, entre la sociedad civil y el Estado(ese paso de lo particular a lo universal es, como veremos, lo que se llama incidencia política). A través de la lucha por los propios intereses, un grupo se puede encontrar con una voluntad más amplia y, eventualmente, expresar una voluntad común, es decir, una voluntad política en el sentido más exacto de la palabra.